Recuerdo que hace algunos años, pensando en lo extraños que resultaban algunos animales cuando eran albinos, se me ocurrió de repente pensar en cómo sería un pavo real con esa condición, del todo blanco. Sobre todo porque, al ser un ave tan llamativa y con tantos colores, el contraste tenía que ser especialmente chocante. Así que me puse a buscar alguna imagen.

Ésa es otra. Antes de que despegaran los buscadores de imágenes te podían entrar unas ganas tremendas de ver lo que fuera, pero te tenías que aguantar. Ahora en la mayoría de casos sólo tienes que tener internet, teclear un poco, y ahí están, cientos de fotos de pavos reales albinos. La mayoría machos, la mayoría con la cola desplegada, que así se ven más espectaculares. Una facilidad que, sin embargo, hace más frustrantes esas ocasiones en las que estás buscando una imagen muy específica de una obra de arte o de cierto artista que recuerdas haber visto en tal libro, y nada, que no hay manera. Pero ésa es otra cuestión.

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Un montón de pavos reales albinos, un par medio-medio, uno de colores y un caracol albino (¿?)

Por suerte, no es lo que pasa con los pavos reales. Ahí están, saciando tu curiosidad, todas esas aves blancas. Por si fuera poco, para alimentar tu naciente fetichismo, el buscador de turno te sugiere búsquedas relacionadas, como pavos reales albinos o blancos volando…

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…o pavos reales medio albinos, a algunos de los cuales casi parece que les hubieran echado un cubo de pintura blanca sólo a un lado del cuerpo, dejando el otro intacto. O a la inversa, que se hayan sumergido sólo a medias en una cascada arco-iris.

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Años después caes en la cuenta de que tu fetichismo, tu curiosidad por esos pavos reales blancos es compartida por gran parte de tus conocidos (y por media humanidad), cuando empiezas a recibir en el móvil copia tras copia del mismo vídeo de un pavo real de ese color desplegando su cola, entre oohhs, y aaahs, de admiración. En su momento, a ti esa curiosidad te impulsó a buscar y encontrar imágenes que cientos de personas habían subido a la red pensando que otros las encontrarían interesantes, y a cientos de miles o a millones una intuición similar les llevó a compartir las imágenes que ellos habían recibido previamente.

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Captura del famoso vídeo (vertical, por cierto) del pavo real blanco que muchos habremos recibido en el móvil. Varias de sus copias se pueden ver en youtube.

Claro que los pavos reales albinos no son un producto de internet. De hecho, la inmensa mayoría de ellos ni siquiera son albinos, aunque sean llamados o buscados por tal término, sino leucísticos, y el resultado de cruzar entre sí ejemplares con una mutación por la cual todo o parte del plumaje carece de pigmentación. Pero no así los ojos, no obstante. En cualquier caso, el interés humano hacia estos estos animales es anterior a la red de redes, como muestran algunas de las siguientes obras de arte.

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Melchior D’Hondecoeter (1636-1695) – Der weiße Pfau (El pavo blanco), Museumslandschaft Hessen Kassel 

La primera parada sería en el siglo XVII. Melchior D’Hondecoeter (1636-1695) fue un pintor holandés, nacido en Utrecht, que consagró su carrera a pintar aves. Sobre todo aves de granja y exóticas, aunque en sus cuadros incluía pájaros silvestres. Además de pintar bodegones, trampantojos, o “conciertos de pájaros“, uno de sus formatos o fórmulas típicas es la que veis arriba, con una serie de ejemplares de diversas especies en un jardín o entorno palaciego al aire libre, en ocasiones con referencias a ruinas clásicas. Y, oh sorpresa, entre las aves domésticas de este lienzo hay un pavo real blanco, que se diría enfrentado a alguna o a todas las demás aves.

De hecho, en la breve entrada del catálogo que aparece en la página web del Museumslandschaft Hessen Kassel, institución en la que se encuentra la pintura, la dinámica composición barroca se interpreta como una confrontación entre la belleza y vanidad del pavo real y la fealdad de las aves que le rodean, reforzada por el jarrón roto y el pequeño mono (¿un cercopiteco?) sentado junto a él. A su vez, en otro texto sobre la obra del libro Album der Casseler Galerie que aparece reproducido aquí, lo que se destaca es la pericia técnica de D’Hondecoeter para hacer de un motivo de ese color el centro de atención. Puesto que es una opción arriesgada si no se posee la capacidad para crear múltiples matices y sombreados dentro del plumaje blanco. Dada su sutileza, se intuye que la única manera de apreciar esos matices es estar ante el cuadro en vivo y en directo, aunque el visor disponible en la página del MHK permita ver incluso los trazos que dan forma a las plumas. Por otro lado, personalmente me encanta que entre las aves representadas haya una avefría y una urraca. Las dos blancas y negras, las dos dibujando una diagonal que se cruza con la del pavo.

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Melchior D’Hondecoeter (1636-1695) – Der weiße Pfau (El pavo blanco), detalle. Captura del visor disponible en la página web del Museumslandschaft Hessen Kassel 

El de Melchior D’Hondecoeter no es el único pavo real blanco de la historia del arte, ni mucho menos. Además de algún otro cuadro del mismo autor, una reconocida obra de su primo y condiscípulo Jan Weenix representa un pavo blanco muerto, en un bodegón junto a otros animales. Pero me interesa más avanzar al siglo XIX, y detenerme en un gouache del pintor alemán Adolph von Menzel (1815-1905).

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Adolph Menzel (1815-1905) – Der weiße Pfau mit Truthenne und Hühnern (El pavo real blanco con pavos y gallinas). Uno de los 44 gouches del KinderalbumKupferstichkabinett der Staatlichen Museen zu Berlin CC BY-NC-SA 3.0 DE

Esta pequeña obra forma parte de un álbum para niños (Kinderalbum) de cuarenta y cuatro escenas, que Menzel creó para sus sobrinos con temas que creía apropiados para ellos. Entre esos temas hay muchos y diversos animales, incluido el llamativo pavo real blanco que se destaca de entre las aves que lo rodean. El motivo, un grupo de aves, parece similar al de D’Hondecoeter, y sin embargo el de Menzel, realizado ya en plena era fotográfica, es mucho más realista, cotidiano, casi una instantánea de los animales comiendo grano y bebiendo agua, frente al punto fantasioso o surrealista que tenía el cuadro del pintor holandés. Así, en contraste con el gran formato del lienzo de este último, el gouache del artista alemán es algo así como el doble de una postal.

Otra artista que también prestó una especial atención a las aves es Jessie Arms Botke (1883-1971), muy asociada a la estética y a la iconografía de los pavos reales blancos, que son muy abundantes en su trayectoria. Ya sea con la cola desplegada, y entre cacatúas…

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Jessie Arms Botke (1883-1971) – Carmel by the Sea Calif. Por el momento a la venta aquí.

…o con la cola recogida, y enmarcada por amapolas, malvas y otras flores:

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Jessie Arms Botke (1883-1971) – Peacock and hollyhocks, 1926. Fuente: una estupenda galería con otras muchas obras de JAB, y bastantes pavos reales blancos.

Incluso en parejas, pero no de macho y hembra, que no puede lucir las largas plumas de la cola. Sino de dos machos juntos sobre un fondo dorado que recuerda al de los biombos japoneses:

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Jessie Arms Botke (1883-1971) – White peacocks and hibiscus. Fuente: la misma estupenda galería con otras muchas obras de JAB, y bastantes pavos reales blancos.

El estilo de esta artista estadounidense es exuberante y decorativo. En los comienzos de su carrera se dedicaba a diseñar cartones para tapices, y posteriormente también trabajó como muralista, y no es difícil imaginar cualquiera de sus obras como uno de esos tapices y murales, o incluso como coloridas vidrieras. Los pavos reales encajan muy bien en este decorativismo, dado que por las tonalidades e irisaciones de su plumaje son motivos usuales en telas y ornamentaciones, sobre todo de procedencia asiática. Lo significativo es que Jessie Arms Botke suela reservar los colores para las flores y los fondos vegetales, mientras recurre con frecuencia a aves blancas (los pavos reales, cacatúas, garzas, gansos, cisnes, grullas) para interrumpir esos patrones decorativos y dar un descanso a la vista.

Sin embargo, y aunque esta artista desarrolla a su manera esta combinación de aves blancas sobre fondos de color, mi impresión es que este hallazgo es una influencia que viene de lejos, en concreto de Japón. Ya había avanzado antes que los fondos dorados de sus composiciones me parecían una clara influencia japonesa, y al mirar si había ejemplos de pavos blancos japoneses (larga vida a los buscadores de imágenes) me topé con un nuevo caso que nos haría retroceder en el tiempo y hacia la obra de Ito Jakuchu (1716-1800):

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Ito Jakuchu (1716-1800) – Viejo pino y pavo real, parte de la serie Colorido reino de los seres vivos. c. 1759-61, Museo de la Colecciones Imperiales, Tokio. Tinta sobre seda.

Las aves eran uno de los principales temas de Jakuchu, y muchas de ellas son blancas. Además del pavo real, pintaba gallos, y de nuevo grullas o cacatúas. Ignoro si alguien se ha dado cuenta o ha señalado a Jakuchu como probable origen de los pavos y aves blancas de Jessie Arms Botke, una artista sobre la que no parece haber estudios serios. Aquí, si se quisiera hacer una investigación historiográfica en condiciones habría que ponerse a mirar cómo fue la formación de la pintora estadounidense, ver si se puede establecer si conocía a Jakuchu o a artistas relacionados, etc. Pero hoy no toca, y tengo un día un pelín más frívolo (igual es cosa de los pavos reales), así que sigamos con Jakuchu.

Este artista japonés está próximo a la Escuela Rinpa, en la que se representaban motivos de la naturaleza sobre fondos dorados, y en cuyo estilo se solían combinar formas sinuosas con la repetición de determinados patrones geométricos (formas de flores, hojas, árboles, aves, plumas…). De hecho, los ecos de la Escuela Rinpa son abundantes en el Japonismo que tomó por asalto al mundo occidental tras la apertura del país nipón, influyendo en todos los ámbitos artísticos y estéticos, incluidas las artes decorativas. Y de este último apartado proceden los blancos pavos reales con los que voy a concluir esta entrada. Empezando, aunque sea un poco tramposo, por La Habitación del Pavo Real (The Peacock Room), cuyo concepto se debe a James McNeill Whistler (1834-1903). Sí, el de la madre cuyo retrato se cargó Mr. Bean (en fin…). Y decía tramposo porque los pavos reales que decoran las paredes de esta habitación no son exactamente blancos, sino más bien entre dorados y plateados. Pero puesto que su brillo invita a percibirlos como monocromos creo que no desentonan con el resto de pavos reales ni-azules ni-verdes de esta entrada. Y aunque lo hicieran, me temo que aquí decido yo, y se me ha antojado sumar estas imágenes al resto:

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James McNeill Whistler (1834-1903) – The Peacock RoomCC-by-sa-2.0 Freer Gallery of Art – Arthur M. Sackler Gallery, Washington D.C.
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James McNeill Whistler (1834-1903) – Detalle del panel de la lucha de los pavos reales, que representan al propio Whistler (izquierda) y a su mecenas y después némesis, Leyland (derecha)

La habitación se considera el máximo exponente del estilo anglo-japonés, y fue concebida para el palacete en Londres del magnate Frederick Leyland, a quien no le gustó el resultado y se negó a pagar al artista la suma que éste le solicitaba, de ahí el panel con la lucha de ambos pavos reales, una representación simbólica de la pelea entre el artista y su mecenas. La historia de la habitación, que sería comprada y trasladada a Washington D.C., es larga y compleja. Igual que la del enfrentamiento entre Whistler y Leyland, que además de su mecenas era su acreedor, y acabó siendo caricaturizado por el artista como un monstruo-pavo cegado por el dinero, de manera muchísimo menos halagadora que en el panel.

En cualquier caso, la intensidad de las influencias japonesas sería notable durante décadas, y afectaría a movimientos como el Art Nouveau y Art Déco, y otros contemporáneos. Y dentro de este último, nos toparíamos con otro pavo real blanco, obra del ilustrador George Wolfe Plank (1883-1965) para Vogue cuando las portadas de las revistas de moda eran… otra cosa. Dado que tanto la mujer como el pavo real parecen estar mirándose en el espejo que lleva la primera, la intención vuelve a ser la de aludir a la vanidad. En el dibujo, la conexión japonesa está subrayada por el vestido negro que lleva la mujer que cabalga sobre el pavo, una especie de kimono algo imaginativo.

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George Wolfe Plank (1883-1965) – Ilustración para Vogue c. 1918

Y de portada a portada, y sigo porque me toca… ir concluyendo. En concreto, me detengo en la esquemática cola de un pavo real blanco que adorna la portada de la primera edición del libro de D. H. Lawrence El pavo real blanco (The White Peacock)

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Publicada en 1910, El pavo real blanco es la primera novela de Lawrence. Fue inspirada por la pintura de Maurice Greiffenhagen que se titula Un idilio, y narra un triángulo amoroso y una serie de romances y matrimonios desgraciados. Me han entrado ganas de leerla para averiguar si el pavo real blanco del título es algo más que una metáfora destinada a condensar el ambiente del libro (y de la época). Y su lectura es algo que está bastante a mano, porque se puede acceder a ella aquí (en inglés, claro está).

Y hasta aquí nos ha llevado este paseo por la fascinación visual que despiertan los pavos reales blancos, desde la red de redes a la historia del arte. Pero para terminar, quisiera cerrar el círculo volviendo al origen, con una última imagen. En particular, al origen de los pavos reales, históricamente también conocidos como pavos reales de la India, por su procedencia. Y para ello, nada mejor que este motivo de un pavo real en el estilo esquemático característico de la tribu india de los Warli, muy reconocida por su larga tradición de pinturas murales. En esta composición tanto el ave como el resto de criaturas han sido trazadas en blanco por el artista Dhaku V. Kadu debido a que ese es el color de la pasta de arroz con la que se realizaban y todavía se realizan tradicionalmente estas pinturas sobre las paredes de las casas, a las que se les asociaba un significado ritual. Las figuras me resultan a la vez ancestrales y de lo más contemporáneas.

Un placer, y hasta la próxima.

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Dhaku V. Kadu – Exotic India Peacock Dance in Warli Village. Debido a su popularización, estas pinturas han adoptado otros formatos que las hacen más fácilmente exportables.

 

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