Publicado por primera vez el 20 de Noviembre de 2016 en:

https://artuk.org/discover/stories/the-first-art-exhibition-for-dogs

CollChRot
Carátula interior del disco Canciones de Cadaqués – Songs of Cadaqués (1976)

A finales de agosto de 2016 tuvo lugar en Londres la que fue anunciada como la primera exposición de arte contemporáneo para perros. El evento, parte de la campaña #PlayMore, tenía el encomiable propósito de aumentar el tiempo dedicado a jugar por parte de los seres humanos y sus animales de compañía. Pero, cuando leí acerca de ello no pude evitar arquear levemente una ceja. ¿Seguro? ¿La primera exposición de arte contemporáneo para perros? Como historiadora del arte, he dedicado estos últimos años a investigar la presencia y agencia de animales no humanos en el arte contemporáneo y puedo nombrar, como mínimo, otros dos casos anteriores de exposiciones de arte dirigidas a perros como espectadores, ambas ocurridas durante los años setenta. Sin embargo, no puedo garantizar con un grado absoluto de certeza que ninguna de ellas fuera la primera de su género.

Estos otros dos otros proyectos artísticos para cánidos me resultan igualmente fascinantes. No obstante, me siento particularmente apegada a uno de ellos: una exposición titulada The Collaborations of Ch. Rotham (o Colaboraciones de Ch. Rotham) que se inauguró en el municipio costero de Cadaqués en el verano de 1976.

Durante muchos años, Cadaqués ha sido una localidad favorecida por los artistas. Dalí vivía cerca, en Portlligat, en una casa construida por él que hoy en día es un museo. El genio surrealista a menudo recibía las visitas de Marcel Duchamp y de Man Ray, y el primero diseñó en el apartamento local que solía ocupar una chimenea anaglífica que fue re-descubierta allí hace apenas unos años. Duchamp, a su vez, dio a conocer Cadaqués a Richard Hamilton, y el artista británico terminaría comprando una casa en el pueblo. Fue en este retiro encalado donde se desarrollaron estas Colaboraciones de Ch. Rotham, puesto que en ese verano de 1976 Hamilton invitó al artista suizo Dieter Roth a su casa, a disfrutar de una estancia de tres semanas de duración en las orillas del mar Mediterráneo.

Los dos artistas se habían conocido y habían trabajado juntos con anterioridad, y entre los objetivos de este nuevo encuentro se hallaba el impulso de rendir homenaje a un colega y amigo fallecido ese mismo año: el artista belga Marcel Broodthaers (1924 – enero 1976). Unos meses antes Roth, Hamilton y Broodthaers habían estado juntos en el vestíbulo del hotel en el que el primero se alojaba en Londres, discutiendo acerca de sus problemas de dinero en un momento en el que se enfrentaban con dificultades derivadas de las escasas ventas de sus obras gráficas. Cuando Roth, de repente, salió con una de sus excéntricas ideas mientras hojeaba la típica revista británica sobre la vida campestre. Había cuadros de perros y de caballos pensados para humanos colgando de las paredes de las residencias rurales que ilustraban los reportajes, y ese tipo de humanos eran de los que amaban con pasión a sus perros y caballos. Así que… ¿por qué no venderles cuadros para sus perros a esos humanos? ¿Por qué los perros tenían que perderse toda la diversión?, recordaba Roth haber preguntado a los otros dos en una entrevista posterior. ¿Por qué no iban a ser posibles las pinturas para perros? Ellos tres también podían pintar para perros.

Por lo que parece, Broodthaers aceptó con rapidez la idea de Roth y comenzó a planear una exposición entera para perros. Después de todo, en su Musée de l’Art Moderne, Départament des Aigles Broodthaers ya había reunido y mostrado docenas de figuras de águilas. Ahora podía cambiar el enfoque y empezar a exhibir para otros animales, en lugar de exhibir representaciones de ellos. Por desgracia, el deterioro de su salud impidió que se produjeran progresos significativos en este sentido, y el artista belga moriría poco después. Por lo que a Roth y Hamilton les pareció lógico continuar sopesando la idea, y presentar la exposición canina como un homenaje a su amigo.

Durante esas tres semanas de verano que pasaron en Cadaqués, Roth y Hamilton realizaron varias obras juntos, turnándose para trabajar en las mismas piezas. Sin embargo, no eran los únicos colaboradores artísticos que había en casa. De hecho, titularon el proyecto Colaboraciones de Ch. Rotham por los tres artistas que participaban en él. La palabra “Rotham” era una combinación de las primeras letras de los apellidos de Roth y Hamilton, y “Ch.” representaba a Chispas Luis, un perro local muy apegado a Hamilton. Chispas Luis pasaba mucho tiempo con los artistas humanos, y se convertiría en uno más del grupo. Parecía razonable contar con un perro artista-colaborador para preparar una exposición de arte para perros, con algo así como un asesor canino.

Los tres artistas, fueran primates o cánidos, se divirtieron mucho, como demuestran las obras que crearon juntos. Roth y Hamilton pintaban temáticas bien para humanos bien para perros, y pensando en las preferencias de estos animales, dibujaron un montón de salchichas y alguna que otra bota vieja. Además de dedicarse a pintar, estos cómplices artísticos también cantaban y tocaban la guitarra, y grabaron algunos de sus logros musicales. Cuatro de ellos serían posteriormente distribuidos en la forma de un disco doble de 45 r.p.m de edición limitada llamado Canciones de Cadaqués. En estos cuatro cortes, que funcionaban como una especie de banda sonora de la exposición, era posible reconocer bien a Chispas Luis o bien a los artistas humanos ladrando y gruñendo por encima del rasgueo de una guitarra (por cortesía del ​​MACBA esas canciones se pueden escuchar aquí [ www.macba.cat/media/cadaques ], donde también se ve la portada de la grabación con las fotos del trío tomadas por Rita Donagh).

A modo de confirmación adicional del hecho de que Roth y Hamilton aprobaban a Chispas Luis como su colaborador artístico, sesenta de los discos venían acompañados de un certificado firmado “por los tres artistas”. La firma de Chispas Luis era una impresión de su pata, y los artistas humanos también se hacían pasar por perros al haber colocado sus huellas dactilares en la forma de otras dos patas perrunas, a modo de sendas firmas. Subrayaron todavía más la atmósfera canina del proyecto artístico diseñando un escudo de armas para la exposición, que aparecía en los certificados y en el catálogo. El escudo, con el lema “Hamptons rojos rampantes”, era sostenido por sus alter egos: dos perros rampantes; uno alto y delgado, como Hamilton, y otro bajito y más robusto, como Roth. En cierta manera, era como si los artistas estuvieran reconociendo las implicaciones territoriales y defensivas presentes en su colaboración. Por supuesto, sus interacciones eran divertidas y amigables, pero también había una rivalidad artística en juego, con Roth tratando de abrumar y aplastar al pausado Hamilton por medio de su frenética creatividad.

La exposición se inauguró el 24 de julio de 1976 en la Galería Cadaqués. Tenía una sección para perros y otra para humanos. De acuerdo con la iniciativa de Broodthaers, en la sección canina los cuadros no sólo contenían temas apropiados para los perros como las ya mencionadas salchichas y botas viejas, sino que también estaban colgados a una altura muy baja. De hecho, más o menos al nivel de los ojos perrunos, como también se pudo ver en el evento recientemente promovido por #PlayMore en Londres, junto a otras atracciones como un simulador de viento para ventanas de coche – objetos malolientes incluidos – o una piscina de bolas dentro de un comedero gigantesco.

Si se toman en cuenta elementos como las botas y las salchichas, la audiencia perruna a la que Colaboraciones de Ch. Rotham parecía dirigirse resulta, posiblemente, un tanto caricaturesca, quizás más simbólica que real. Es posible que este toque humorístico contribuyera a rebajar la proximidad canino-humana en materias artísticas y culturales que, acompañada por la consiguiente tensión, proponía el proyecto.

Tras su paso por la Galería Cadaqués la exposición recorrió otros muchos lugares, incluidas instituciones como la Fundación Miró de Barcelona o el Instituto de Arte Contemporáneo de Londres. Restaría por saber si, en aquel entonces, a algún que otro perro se le permitió entrar en las grandiosas salas de este último Instituto en The Mall, a unos pocos cientos de metros del Palacio de Buckingham, para poder apreciar allí esa exposición concebida para cánidos. Sin duda, es algo de lo que me habría encantado ser testigo.

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https://independent.academia.edu/Concepci%C3%B3nCort%C3%A9sZulueta

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